Silao, Gto., 1 de abril del 2026.-
En Silao, el Presupuesto de Egresos 2026 finalmente fue aprobado por unanimidad. La cifra no es menor: 1,814 millones de pesos, un incremento considerable frente a los poco más de 1,099 millones del año anterior.
En términos financieros, se trata de un presupuesto robusto, con una apuesta clara hacia áreas sensibles para la población: educación, seguridad, deporte, campo y obra pública. La proyección incluye, entre otros puntos, más de 1,500 becas, mejoras en infraestructura educativa, fortalecimiento del equipamiento policial, apoyos al sector rural y una inversión superior a 202 millones de pesos en 63 acciones de obra pública, tanto en zonas urbanas como rurales.
El documento, en papel, responde a muchas de las necesidades más visibles del municipio.
Pero el momento en que llega también cuenta.
Durante semanas, la falta de acuerdos entre las fuerzas políticas mantuvo detenido un instrumento clave para la acción pública. En ese tiempo, más allá de cifras, lo que quedó en pausa fueron decisiones que impactan directamente en servicios, infraestructura y programas sociales.
La aprobación unánime envía ahora una señal de estabilidad y coordinación. Sin embargo, también deja ver que el consenso fue posible… aunque tardío.
El reto, a partir de este punto, no está en la aprobación, sino en la ejecución. Un presupuesto más amplio implica también una mayor responsabilidad: ejercerlo con oportunidad, eficiencia y resultados visibles.
Particularmente cuando contempla rubros como:
• Seguridad, con aumento salarial, capacitación y nuevo equipamiento
• Educación, con ampliación de becas y mejoras en espacios escolares
• Campo, con más apoyos productivos e infraestructura rural
• Obra pública, con acciones en agua, drenaje, pavimentación y servicios básicos
A ello se suman inversiones en deporte, mantenimiento urbano y fortalecimiento de servicios municipales, así como recursos para pensiones y jubilaciones.
En conjunto, el presupuesto traza una ruta ambiciosa.
La pregunta de fondo no es si los recursos están, sino si el tiempo alcanzará para que se traduzcan en resultados concretos. Porque cuando los acuerdos llegan después de la espera, el margen de ejecución se acorta y la exigencia crece.
Al final, el valor de un presupuesto no solo se mide en su monto, sino en su capacidad de convertirse en beneficios tangibles para la ciudadanía.
Y en ese terreno, como en la política, el tiempo también cuenta.

